El Vasco pide a los aficionados regiomontanos —y a todo el país— dejar a un lado la rivalidad de clubes para vivir un Mundial histórico que no volverá a México en generaciones. También aclara que la lista de 26 sigue completamente abierta.
Hay momentos en el fútbol que van más allá de los resultados, de los goles y de las tácticas. Este es uno de ellos. Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina y México como anfitrión junto a Estados Unidos y Canadá, Javier Aguirre —el Vasco, el técnico que más veces ha dirigido al Tri en una Copa del Mundo— lanzó este jueves un mensaje que no es solo deportivo: es una petición de unidad nacional.
Desde el estadio Monterrey, en el marco de un panel en el que también participó Mikel Arriola, comisionado presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Aguirre habló con la franqueza que le caracteriza. Habló de respaldo, de planificación, de jugadores en forma y de una lista que todavía no está cerrada. Pero sobre todo, habló de lo que significa jugar un Mundial en casa y de la responsabilidad histórica que eso implica para cada mexicano.
La petición más emotiva: quítense la playera del equipo
Aguirre sabe que Monterrey es tierra de pasiones divididas. La rivalidad entre Tigres y Rayados es una de las más intensas del fútbol latinoamericano, y el técnico conoce perfectamente sus códigos. Por eso eligió esta ciudad para lanzar su mensaje más personal de la tarde.
“Básicamente hay que quitarse el jersey de los equipos. Lo hemos entendido todos, todos somos mexicanos. Entiendo que has mamado en casa ese amor a Tigres y Rayados, pero van a pasar años para tener otro Mundial aquí y ahí deben entregarse.“— Javier Aguirre, estadio Monterrey, 15 de mayo de 2026
No fue un discurso ensayado. Fue una confesión sincera de alguien que lleva décadas en el fútbol y que entiende que una Copa del Mundo en casa es una oportunidad que no se repite. Aguirre habló de “darle una alegría a los regios y a todo el país”, y en sus palabras se mezcló el pragmatismo del entrenador con la emoción del mexicano que también lleva dentro.
El proceso más respaldado de su carrera
En sus tres etapas al frente de la Selección Mexicana —con apariciones en tres Copas del Mundo distintas—, Javier Aguirre nunca había sentido un apoyo tan sólido por parte de los clubes del fútbol mexicano. El técnico reveló que visitó personalmente a los 18 dueños de los equipos de la liga para pedirles colaboración, y que la respuesta fue unánime y sin condiciones.
“Ha sido un proceso divino. De los tres que me he encontrado, es en el que más me he sentido respaldado. Yo fui personalmente con todos los dueños, con todos, y tú no sabes la felicidad que me daba que me dijeran: ‘Lo que quiera mi entrenador, los 18 dueños, lo que necesiten’.”
Javier Aguirre — Panel estadio Monterrey
El respaldo de los clubes no es un detalle menor. La preparación de una selección nacional en un año mundialista implica liberar jugadores en fechas que a veces colisionan con los intereses de los equipos de club. El hecho de que todos los dueños hayan dado carta blanca al cuerpo técnico es, según el propio Aguirre, una de las diferencias más notables respecto a sus procesos anteriores.
Las restricciones de la FIFA: el reto logístico que nadie vio venir
Aguirre también abordó uno de los aspectos menos visibles pero más determinantes de la preparación: la dificultad para organizar partidos amistosos. La FIFA ha restringido los períodos en los que las selecciones pueden convocar jugadores que militan en Europa, lo que ha complicado enormemente la planificación del calendario de preparación del Tri.
“La FIFA nos ha restringido las fechas. Antes se podía jugar, se podía ir en cualquier parte del año a Europa, ahora no. Ha sido muy difícil organizarnos”, reconoció el técnico, quien agradeció públicamente el papel de Mikel Arriola para gestionar esas dificultades y garantizar que la selección tuviera los recursos necesarios.
La lista de 26: nadie tiene su lugar asegurado
Una de las frases más comentadas de la tarde fue esta: “La lista está abierta… No tengo compromiso con nadie.” Aguirre dejó claro que los 55 futbolistas entregados a la FIFA antes del 11 de mayo son el universo del que saldrán los 26 convocados definitivos, y que ningún nombre está grabado en piedra.
Las lesiones, el estado de forma y los imprevistos de último momento pueden alterar los planes. Para el Vasco, esa incertidumbre no es un problema sino un incentivo: mientras la lista esté abierta, todos los jugadores están en modo competición, peleando por un lugar en el equipo que representará a México ante el mundo.
“La lista está abierta. Si alguno de la liga está en la lista de 55, viene de supuesto. La FIFA nos puso un límite, que era el 11 de mayo, para mandar la lista de 55 a los 48 equipos. Yo no estoy casado con nadie, no tengo ningún compromiso con nadie, y eso hace que todos estén en permanente búsqueda de esa lista.”
Los jugadores, listos; el debut, el 11 de junio
Más allá de la gestión institucional y los mensajes a la afición, Aguirre se mostró satisfecho con el estado físico y anímico de su plantilla. El técnico, que trabaja la aclimatación a la altitud de la Ciudad de México como una de las variables clave de la preparación, fue optimista y hasta anecdótico al respecto.
“Los siento bien, estamos bien entrenados, adaptados a la altura de la Ciudad de México. Como anécdota de hace unos días, notaba la falta de oxígeno, pero el 11 de junio vamos a ir volando en la cancha”, bromeó el seleccionador, en un tono que transmitió confianza sin caer en la arrogancia.
El 11 de junio es la fecha marcada en rojo para millones de mexicanos: el debut de la Selección en su propio Mundial. Un partido que, sea cual sea el rival, tendrá el peso emocional de toda una nación detrás.
México necesita buenas noticias: el fútbol como catalizador
Aguirre cerró su intervención con una reflexión que fue más allá del deporte. El seleccionador habló de un país que necesita celebrar, que necesita alegrarse colectivamente, y que tiene en este Mundial una oportunidad histórica para hacerlo. No prometió un resultado concreto, pero sí prometió entrega, identidad y orgullo.
Para el Vasco, la responsabilidad es enorme pero también es compartida. La comparten los jugadores sobre el césped, los clubes que los ceden sin condiciones, la federación que gestiona los recursos y, sobre todo, los millones de aficionados que en junio deberán ponerse una sola playera: la verde, blanca y roja.
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