Sofía apoyaba a Argentina y Oliver a Inglaterra en el histórico cuartos de final del Mundial 1986; una sonrisa en las gradas cambió sus vidas para siempre y el domingo regresaron juntos al mismo estadio.

Corría junio de 1986 y el Estadio Azteca de la Ciudad de México se preparaba para uno de los partidos más recordados en la historia de los Mundiales: Inglaterra contra Argentina, por los cuartos de final de la Copa del Mundo. Nadie imaginaba que, entre la multitud, dos completos desconocidos estaban a punto de escribir su propia historia, una que hoy, cuatro décadas después, sigue viva.

Sofía Craxton, mexicana de nacimiento, había llegado al estadio junto a una amiga para alentar a la selección argentina, el rival de aquella tarde. Del otro lado de las gradas, un joven inglés llamado Oliver no dejaba de mirarla. “Vi a un hombre sonriéndome, y ese era Oli”, recordó Sofía sobre aquel primer encuentro que, sin saberlo, marcaría el resto de su vida.

Un flechazo

Sofía y Oliver conectaron de inmediato, la pareja temía la reacción de otros aficionados tras un encuentro tan controversial, pero Oliver no dudó en tranquilizarla: “Si surge algún problema, te protegeré.”

Ya en un bar cercano, después del final del partido, Sofía tomó la gorra de Oliver y escribió sobre ella una frase que sellaría el inicio de su historia: “Maravilloso inglés.” Ambos conservan hasta hoy las camisetas que usaron aquella tarde en el Azteca durante el histórico duelo entre Inglaterra y Argentina de 1986.

Cartas, llamadas carísimas y un amor a distancia

Cuando terminó el Mundial, Oliver regresó a Inglaterra, pero la relación con Sofía no se detuvo ahí. En una época sin redes sociales ni mensajería instantánea, los enamorados debieron recurrir a la correspondencia tradicional para mantener viva la llama. “No había internet. Solo llamadas telefónicas”, contó Sofía.

Las cartas tardaban cerca de dos meses en llegar de un continente a otro, y las llamadas internacionales representaban un lujo. “£1.50 por minuto, así que una llamada de media hora costaba £45, lo cual en ese entonces era mucho dinero, así que no podíamos llamarnos tanto como queríamos”, explicó Oliver sobre los obstáculos que debieron sortear en plena era pre digital.

A pesar de la distancia y las dificultades para comunicarse, el amor entre Sofía y Oliver se fortaleció con el paso del tiempo. En 1990 decidieron casarse, consolidando una historia que comenzó como una anécdota futbolística y terminó convirtiéndose en una vida compartida.

El reencuentro con el Azteca, 40 años después

El domingo pasado, la pareja volvió al lugar donde todo comenzó para presenciar un nuevo duelo entre Inglaterra y México en el Estadio Azteca. El regreso al recinto que los vio conocerse despertó una ola de emociones. “Fue increíble. Solo ir allí, todos los sentimientos volvieron. Empecé a llorar”, confesó Sofía, visiblemente conmovida por revivir el momento exacto donde su historia de amor tuvo su primer capítulo.

Cuatro décadas después de aquel Mundial de 1986, la historia de Sofía y Oliver se mantiene como un recordatorio de que, más allá de rivalidades deportivas, el fútbol también es capaz de unir corazones de distintos países, culturas e idiomas.

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